23 de Octubre de 2002. Un comando de terroristas suicidas chechenos, bajo el mando de Movsar Baráyev, irrumpe por la fuerza en el teatro Dubrovka, en Moscú, durante una representación. Los asistentes al acto, confusos, creen en un principio que aquello forma parte del espectáculo, pero muy pronto se aclara la situación: se trata de un secuestro.
Tras hacerse con el control del edificio, los cerca de 50 integrantes del comando pasan rápidamente a la acción, colocando explosivos en todos los accesos al teatro.
Con su acción, esperan poner fin a la guerra en el cáucaso, y lograr la completa retirada de todas las fuerzas rusas de Chechenia. Los miembros del comando, muchos de ellos mujeres, dejan claro desde el principio su voluntad de morir por Allah, y amenazan con una masacre de no ser atendidas sus exigencias.
Mientras, en el exterior, fuerzas gubernamentales rusas acordonan rápidamente la zona, a la vez que empiezan a llegar familiares de los rehenes y multitud de curiosos, así como los medios de comunicación. Sin embargo, el gobierno de Vladimir Putin se muestra firme: las tropas desplegadas en Chechenia no se retirarán. Finalmente, tras tres dias de un asedio repleto de tensiones, complicadas negociaciones y extraños incidentes, las fuerzas especiales rusas, los Spetznatz, asaltan el teatro, empleando un método poco habitual: un potente gas anéstesico, que bombean al interior del edificio poco antes de iniciar el asalto. Las consecuencias de su uso serán catastróficas, tanto para los miembros del comando suicida checheno como para los cerca de 850 rehenes que se hallan en el lugar.

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